Aspectos de la vida de Swami Satyananda

Aspectos de la vida de Swami Satyananda

ASPECTOS DE LA VIDA DE SWAMI SATYANANDA

(Narrados por él mismo)

Del nacimiento a la llegada a Rishikesh

Nací el 26 de julio de  1923, en la pequeña ciudad de Almora que está al norte de la India en las estribaciones de los Himalayas. Tuve una hermana y cuatro hermanos.

Swami SatyanandaVengo de un medio social de gran abundancia económica, de una familia prominente y con prestigio social. Por el lado materno nos encontrábamos emparentados con la familia real de Nepal y por el paterno con la casa gobernante del Estado en que nací. Nunca había experimentado la pobreza, no conocía más que la comodidad y el lujo, ni siquiera sabía que un hombre podía sobrevivir comiendo únicamente vegetales.

Mis parientes formaban una familia de agricultores y terratenientes, teníamos muchas Estancias con tierras cultivadas, miles de ovejas y cientos de caballos Ponnies.

En mi familia había personas con motivaciones religiosas hindúes, budistas y cristianas, mi hermana mayor era católica. El fundamento de quienes formaban mi familia, era la búsqueda espiritual y por ello se mantenían en permanente contacto con  swamis y hombres santos de la India. En sus vidas las prácticas espirituales eran los más importante. Yo no recuerdo ningún día en que mi padre no las hubiera hecho y nunca menos de cinco horas, él practicaba meditación y leía los Vedas todos los días y mi madre ayunaba treinta y seis horas seguidas varias veces al año.

Este interés espiritual fue lo que llevó a mis padres a vender algunas de sus posesiones para dedicar mayor tiempo a sus prácticas espirituales.
Entonces, no es de extrañar que cuando yo era niño, estuviera en contacto con el Yoga.

A  la edad de seis años mis padres me enseñaron Mantra Yoga, el Bhagavad Gita y me dieron a leer la Biblia. A esa edad me era muy difícil aprender todas esas cosas, sin embargo, todos los días tenía que contar a mi padre lo que había leído.
A medida que el tiempo pasó, le agradecí por crear pasión tan noble en mi vida.

Yo era como los otros muchachos de mi edad, tenía muchos y buenos amigos. Era muy hábil en los deportes y en la caza. Me interesaban las personas y todas las ciencias y el arte, incursionaba en la poesía; pero, simultáneamente tenía experiencias espirituales esporádicas y espontáneas, además tenía conciencia de que había un espacio infinito dentro de mí.

Durante mis años de estudiante siempre fui saludable, nunca tuve problemas físicos, mentales o emocionales. Cuando tenía seis años, tuve una experiencia espiritual espontánea en la que perdí completamente la conciencia de mi cuerpo por un lapso bastante largo; perdía la conciencia de las experiencias corporales, no sentía el cuerpo aún cuando lo podía ver. Era algo que venía y se iba, no era un estado permanente. De esta forma tomé conciencia de que algo más podía percibir.

A los diez años me ocurrió lo mismo, entonces ya tenía edad suficiente para pensar y analizar y se lo conté a mi padre. El no entendió y quiso llevarme a un médico, por suerte en esa época no había ninguno en la región. Si hubiera habido alguno, quizá yo hubiera terminado en un hospital psiquiátrico. Así no tuve que soportar ningún tratamiento y me dejaron tranquilo.

En el hinduismo existen dos tradiciones: unos creen en adorar ídolos y otros en Dios sin forma. Mi familia, aún siendo hindú, pertenecía a la última de estas corrientes. Sin embargo yo me dedicaba a mirar a menudo las imágenes de las diferentes deidades y a preguntarme acerca de ellos. Miraba a Durga montada sobre un león, a Saraswati sobre un cisne, a Vishnu acostado durmiendo sobre una cobra, a Kali totalmente desnuda parada sobre el cuerpo de Shiva, a Tara desnuda mientras Shiva montaba un toro y tenía tantas culebras enrolladas alrededor de su cuerpo. Cómo era posible que el Ganges fluyera de su pelo. Por qué Genesha tenía una enorme cabeza de elefante, una gran barriga y montaba una rata. Pensaba que esto tenía que tener un significado. Solo empecé a comprender el simbolismo de todo cuando a la edad de quince años inicié la práctica de Kundalini Yoga.

Durante esta época tuve otra experiencia: me encontraba sentado calladamente cuando de pronto, sin ningún esfuerzo, mi mente se interiorizó. Inmediatamente vi el mundo entero, con sus océanos, continentes, montañas y ciudades romperse en dos pedazos. No entendí la visión hasta unos días más tarde, cuando estalló la segunda guerra mundial. El hecho me hizo pensar cómo podía haber visto durante la meditación un evento futuro y viviendo en un área remota. No había oído ni leído previamente nada acerca de ella y no tenía forma alguna de saber que ocurriría.

Si hubiese nacido en el mundo occidental también habría pensado que padecía alguna enfermedad y me podrían haber investigado científicamente. Tal vez la intensidad de mis ondas cerebrales Alfa hubieran probado que no se trataba de una enfermedad, sino de un estado mental más elevado. Actualmente sé que los científicos occidentales pueden hacer una clara distinción entre sueño y meditación, entre enfermedad mental y estados espirituales más elevados midiendo las ondas del cerebro con instrumentos científicos.

Swami SatyanandaMi padre tenía gran respeto por los Vedas y pos su Gurú. Un día este santo hombre visitó mi pueblo natal y mi padre me llevó ante Él y le pidió consejos respecto a mí. El sabio dijo que lo que ocurría eran experiencias espirituales y por consiguiente se me debía instruir para llevar una vida espiritual. Mi padre le obedeció e hizo los arreglos necesarios para que se me diera entrenamiento adecuado y así fue como desde  temprana edad me dediqué a la búsqueda espiritual.

Cuando llegué a los diecisiete años hacía muchas preguntas que nadie me podía responder, como por ejemplo, la diferencia entre percepción y experiencia. Hablaba mucho acerca de estos temas con mi tío materno y con mi hermana pero no se apagaba mi sed y presentía que algún día tendría que partir.

Un día le pregunté a mi padre "¿Estás de acuerdo con tu vida, con la forma cómo vives?" Me respondió que no. Le dije "¿Entonces por qué quieres que yo viva así? Déjame hacer una vida diferente". Pospuse mi partida del hogar hasta que mi padre me dio noventa rupias. De esta forma comenzó mi vida de peregrinación en la búsqueda espiritual.
Cuando niño tuve la oportunidad de conocer a muchos Swamis y santos que pasaban por mi casa en su viaje al monte Kailash. Uno de ellos me aconsejó u su palabra fue determinante para que iniciara la búsqueda de un Gurú.

Así dejé mi hogar y fui primero a Rajasthan. Después viví con un Maestro que tenía como noventa años en ese entonces y era un experto en Tantra, me quería mucho y estuve con él más de seis meses, durante los que me enseñó diferentes aspectos y ramas del Tantra en teoría y práctica; sin embargo me di cuenta de que ése no era mi destino y dejé el lugar sin informarle, escalando los muros de Ashram. Sabía que nunca lo olvidaría, pero no era mi Gurú y así continué mi peregrinaje.

Rishikesh y algunas experiencias

Después de esto no recuerdo cómo ni adonde fui, tampoco qué hice. Solo tengo presente un incidente que sucedió en un algún lugar cercano a Laskar cuando viajaba en tren. Sentado frente a mi iba un sadhu de cabellos enmarañados. Parecía un hombre agresivo. Me preguntó "¿ De dónde viene Ud.?" Le dije que no sabía y que buscaba un Gurú. Me aconsejó " Vaya a Rishikesh".

Había terminado mi educación escolar y no tenía compromisos de esa clase. Le hice caso, me dirigí a Rishikesh. Estuve en Kalikamliwala Dharmashala durante tres días en donde encontré una persona que era del mis distrito de donde yo venía y me sugirió que fuera a Kailash Ashram; después supe que fue el Ashram donde Swami Sivananda recibió Diksha (Iniciación).  En esa época, estaba Swami Mahamandaleshwar Vishnudevananda, a quien le conté lo que buscaba y me sugirió que fuera a Sivananda Ashram. Como no estaba lejos me dirigí  inmediatamente. Solo eran unos dos kilómetros. 

Era el 19 de marzo de 1944 cuando subí las escaleras del Sivananda Ashram y entré al salón de Bhajans, en donde desde 1943 se efectuaba el Akhanda Kirtan (cánticos espirituales sin parar). Allí sentí la atmósfera más divina que haya experimentado en mi vida, la vibración del salón aún está muy clara en mi mente. Me atendió Swami Narayana a quien le dije que yo era un buscador espiritual tras un Gurú; él me llevó donde Swami Sivananda.

Era temprano en la montaña, Swamiji estaba sentado en un pequeño cuarto y tan pronto me vio, se levantó y me saludó diciéndome " Om Namo Narayanaja" y se inclinó a mis pies. Me hizo sentar y me preguntó a qué había venido. Le expliqué que había estado meditando desde los trece años, en ese momento tenía diecinueve, que podía llegar hasta el estado de vacío y shoonya; pero que no podía profundizar más, no había revelación, experiencia o algo trascendental. El me dijo que me quedara en el Ashram y que me guiaría.

Cuando me encontré con mi Gurú la influencia fue espontánea; no tuve que evaluarlo, no tuve que decidir si quedarme con Él o no. En su presencia mi mente analítica se embobó, ésa fue mi primera experiencia con mi Gurú.

Antes de mi encuentro con Él, yo estaba practicando meditación y otras cosas espirituales, varias sadhanas, aprendí hipnosis, el sistema moderno de sicoterapia me interesó, continuaba con las prácticas tántricas, pero no estaba satisfecho. Por otra parte, tenía una filosofía y religión propias, así como una visión bastante definida de la vida y un concepto sobre la sociedad. 

De hecho, quería ser diferente a mis padres y no estar en su misma categoría. Sabía muy bien que la vida de familia no era para mí, me gustaba vivir solo y andar solo, no quería que me protegieran, ayudaran o simpatizaran conmigo; tampoco deseaba grandes cantidades de dinero, propiedades y amigos. Sentía que aunque me casara con una mujer de mí mismo temperamento no me ayudaría porque en el momento en que uno se casa se vuelve parte de la sociedad y está obligado a ella. En tan tempranos días, pensaba que la sociedad era un atado de idiosincrasia y aún ahora mantengo la misma opinión, más o menos. Por eso fui a Rishikesh en busca de una vida más plena y completa.

Swami SatyanandaAsí las cosas, el único camino que me quedaba era la renuncia, el sannyas.
Me quedé haciendo vida monástica; sin embargo durante mucho tiempo aún permanecí intrigado acerca del propósito de mi existencia. Sentí que el hombre era un explorador, pero yo no sabía que andaba buscando; por ejemplo, a veces me enfrentaba a la terrible pregunta que el hombre se hace sobre la muerte.

Cuando llegué a Rishikesh no tenía ni una estera donde dormir, nada que comer y había muchos mosquitos, escorpiones, serpientes y monos. El agua del río Ganges era muy fría. Durante muchos años en el Ashram sufrí diarreas, disentería, hepatitis, paratifoidea y muchas otras enfermedades. Aún así no pensaba dejar el lugar. Solía trabajar duro, ése era el período inicial del Ashram. Para poder obtener comida tenía que caminar de ida y regreso cuatro o cinco kilómetros a sol ardiente todos los días y solo había una comida al día, no tomaba té, ni siquiera era posible obtenerlo, pero nunca lo noté, nunca pensé en eso.

Durante los años que pasé con Swami Sivananda no aprendí Hatha, Raja, Bhakti o Tantra Yoga, Upanishad o Gita. Desde la mañana a la noche, y algunas veces durante ella trabajé, trabajé y trabajé como un burro, porque solamente me dio un mandato "Trabaja arduamente y te purificarás. No tienes que traer la luz pues ella está en ti".
En el lapso de doce años viví una vida más allá del tiempo y el espacio y trabajé como si tuviera ataques histéricos. Hice de todo, desde limpiar los baños hasta administrar el Ashram. 

Los primeros años en Ashram de Rishikesh fueron difíciles, tanto, que al imaginármelos ahora, creo que fueron tan solo un sueño. No creo que ninguno de mis discípulos hubiera podido sobrevivir allí como Swamis. Junto con otros sanyasines jóvenes ayudé a construir el Ashram, paso a paso. Eran días de aventura, nunca sabíamos qué íbamos a comer al día siguiente. Siempre que iba donde mi Gurú me decía: "Te ves tan delgado, debes comer más" Lo único que podía responder era ¿de dónde? Entonces me decía "No importa, el prana está dentro de ti y de él puedes obtener la energía que necesitas" y me regalaba su maravillosa sonrisa. 

Participé en cada esfera de servicio en una forma de vida que no fue fácil ni cómoda, por el contrario, era de gran penalidad: había miríadas de mosquitos, no había colchón para dormir, ni dinero para suplir algunas de las necesidades más insignificantes como crema dental o platos. La comida era tan simple que la mayoría de las personas no podían vivir allí aunque fuera por solo una semana. Doce años disfruté  de penalidades, enfermándome algunas veces y otras sin comer y sin descanso apropiados, pero aún así esa vida era como el cielo.

Que haya sobrevivido a tantos incidentes en mi vida en el Ashram se debió únicamente a la guía espiritual y a las bendiciones de mi Gurú y mi devoción total por Él.
Yo solía trabajar con tesón, me mantenía despierto durante el día con trabajo y durante la noche solía vigilar la propiedad del Ashram, rondando los edificios y el bosque a la una, dos y tres de la mañana.

Swami Sivananda sabía mi atareado horario y me enviaba café, aunque personalmente nunca lo tomó en su vida. Guardaba café para mí y decía: "Déjenlo para Swami Satyananda porque él se mantiene despierto por muchas horas durante la noche".
Es obvio que llevé una autoimpuesta vida de austeridad, disciplina y pobreza como algunos de ustedes acostumbran.Parte de mi tiempo lo ocupé también en estudiar la literatura religiosa occidental y oriental.

Además de tener muy poco que comer, no había donde dormir, no teníamos cuarto, techo ni mantas. Durante el tiempo que viví allí, nunca vi un todillo, solamente vi masas y masas de grandes mosquitos. Para tomar agua teníamos que descender trescientos pasos y claro está, teníamos que ascenderlos después de haber terminado de tomarla. Cuando tuve diarrea se me presentó un problema, cada sesión incluía una caminata de milla y media y para cuando terminaba la evacuación y regresaba, tenía ya que volver de nuevo; entonces ya no tenía agua en mi balde y debía ascender nuevamente los trescientos pasos, conseguir más agua e ir a la selva.

Una vez tuve ictericia y nunca lo supe. Regresaba una mañana del mercado cuando un swami mayor me llamó y me dijo "Oye, tienes ictericia". No sabía que quería decirme porque nunca había experimentado una enfermedad. Cuando regresé al ashram le pregunté a Swamiji qué era la ictericia y me respondió que un tipo de enfermedad en el cuerpo, de todos modos me olvidé de ellos y nada sucedió. Otra vez tuve paratifoidea y estando lejos del ashram, no tuve a nadie que me cuidara, no podía cocinarme los alimentos y tenía tanta hambre que fui a un jardín y recogí unas papayas verdes y me las comí crudas. Al día siguiente tuve contracciones en el estómago y grandes dolores, pero eso también pasó.

En las épocas difíciles, las cuales ayudaban a mi evolución, trabajábamos día y noche construyendo cuartos, escribiendo libros e imprimiéndolos, nunca supimos que estábamos trabajando. Era una vida trascendental y el trabajo era relajación. Definitivamente puedo decirles que durante esos doce años no tuve ningún problema mental y si algo me inquietaba interiormente nunca logró afectarme. Swami Sivananda nos dio completa libertad de expresión. Teníamos que manejar todos los asuntos de ashram, desde la construcción y publicación de libros hasta el cuidado de los invitados y las finanzas.

Swami SatyanandaCualquier problema que el ashram tuviera o que se necesitara, teníamos que arreglárnosla. Si cometíamos un error, no éramos castigados. Si Él escuchaba que los Swamis peleaban entre ellos, decía: "Es una diversión momentánea, relajación". El consideraba que todo el mundo había venido al ashram con una intención noble y tenía completa fe en la sinceridad, propósito e intenciones de sus discípulos.
Durante mi estadía con Swami Sivananda las personas de los diferentes ashram venían a mí porque sabían que yo era brillante en sánscrito y me preguntaban qué era lo que mi Gurú me enseñaba, a lo que respondía "Nada" ¿No enseña Hatha Yoga?, y yo les contestaba que no.

Una vez me recluí en Rishikesh, creo que ni siquiera duré tres meses. Tenía un programa: Japa y Dhyana, pero aún así no podía realizarlo. El letargo y la indolencia me sobrecogían porque no estaba preparado para la reclusión. Por la mañana tomaba mi mala y me dormía: a las nueve iba a la cocina por mis rotis, salía, tomaba el Braham Sutra, comenzaba con un Sutra y me dormía. Sabía lo que tenía que hacer, pero no podía hacerlo.
Una vez tuve una experiencia maravillosa y terrible al mismo tiempo: Estaba sentado a la orilla del río Ganges cuando de repente trascendí el cuerpo y me encontré a mí mismo en todas partes, en la tierra, en la luna, en Júpíter, en Venus. Nunca quise esa experiencia y no la pude controlar y solo fue una gracia que hoy no esté loco. 

Algunos Swamis que estaban cerca me oyeron gritar "no, no, no quiero". Grité como si me estuvieran apretando el cuello. Yo estaba inconsciente, no me daba cuenta. Luego, repentinamente me desmayé durante unos pocos minutos. Cuando regresé al consciente, dije que no meditaría más, pues no enfrentaría esa experiencia nuevamente.
Después de lo ocurrido nunca pensé meditar, me dije, serviré a mi Gurú, limpiaré el ashram, transportaré los equipajes, recogerá leña, haré toda clase de trabajos, pero no cerraré nunca más los ojos. Esta es una de las razones por la cual no contaba mucho Kirtan ya que me introvertía inmediatamente.

El 1944, cuando me incorporé inicialmente al ashram en Rishikesh, no era una persona emocional o devocional, quizá por esto el primer deber diario que se me encomendó fue hacer algo que no me gustaba. Un día antes de mi llegada, Swami Sivananda había resuelto que se cantaría Kirtan durante todo el tiempo y para ello, cada miembro debía permanecer una hora cantando "el Maha Mantra" en un sector del corredor, así el Kirtan continuaba durante veinticuatro horas. A mí me correspondía un turno de noche y por eso debía dormir en el corredor, despertarme a una hora y cantar el mantra que en esa época era insípido y seco.

Después de algún tiempo comencé a tener experiencias. Una noche estaba cantando sin ningún sentimiento cuando de pronto me encontré  en medio de animales salvajes, hienas, lobos, tigres que se movían y me iban a atacar, por primera vez en mi vida tuve miedo y grité. En ese momento un elefante se abalanzó sobre mí y con su trompa me elevó por los aires y el miedo desapareció. Después de un rato me pareció que no era yo quien estaba sentado allí, que era Buddha; fue una visión maravillosa y comienzo de una larga serie de visiones.

Durante muchos años había trabajado por tener experiencias y lo que no pude lograr en tantos años de sadhana, lo obtuve curiosamente, cantando un Mantra en el que no tenía fe. Por eso con el tiempo, nació en mi la disposición para cantar Krisna.
En una época cantaba Kirtan en cualquier momento y fui descubriendo que a pesar de lo racional que soy, el Kirtan me afecta. He comprobado que la música produce en mi un impacto muy grande. Ahora sé que cuando llegue el momento de mi partida dejaré este cuerpo cantando, ésta es una percepción muy clara que he tenido.
En cuanto a mi personalidad, mi Gurú comentaba que yo tenía un temperamento muy irascible cuando joven y por eso me recomendó la práctica de shashankasana ( la postura del conejo).

Cuando vivía en Rishikesh decidí visitar el Ganges todos los días y cruzarlo cinco veces, nadando a través del agua helada. Un día Swami Sivananda me llamó y me dijo: " O dejas de nadar o te voy a echar del ashram", esto me regresó a la sensatez.
Una vez un poderoso líder político vino al ashram y me habló " Oye muchacho, estás desperdiciando el tiempo es este lugar. Eres tan brillante y buen orador que puedes influenciar a muchas personas, ven conmigo y te diré que hacer". Me mantuve en silencio y pensé: "Esta es una prueba que mi Gurú me ha enviado". Esa fue la tentación más grande, porque él quería hacerme presidente de una gran federación, líder de miles de personas, sin embargo no acepté su oferta. Recordé lo que mi Gurú me había dicho " Trabaja arduamente y purifícate, luego la luz aparecerá dentro de ti" y con seguridad sentí que esto sería una realidad.